sábado, 21 de marzo de 2015

Matar

      No sé por qué me golpeas. No sé por qué te golpeo. Nos hacemos daño, nos hacemos pedazos. Destrozamos, sin descanso y en letal sinfonía, cada uno de nuestros huesos, cada uno de nuestros sueños, cada uno de nuestros besos. Yo te rompo y tú me rompes. Yo te lloro y tú me lloras. Yo te suplico y tú me suplicas. Sé que vas a reducir a diminutas esquirlas todos mis pequeños momentos. Pero te quiero. Ante todo te quiero. Y te querré siempre. Pero sé que me estás matando y sé que te estoy matando. Y así, paz, tiempo y recuerdo.

viernes, 27 de febrero de 2015

La sonrisa

      Tú y yo nacimos juntos y así es como vamos a morir. Juntos. Siameses. Perdidos. Un accidente, una triste casualidad que no ha dejado de apuñalarme las entrañas ni durante un minúsculo segundo de mi vida. El asco es terrible. Náuseas y días de romper nudillos y paredes. Pero te voy a matar. Te acabaré matando. Te arrancaré de mí cuando no pueda más. Y no te echaremos de menos. Ni yo, ni nadie. Es cierto que también yo estaré muerto para entonces, pero muerto con una sonrisa. Una sonrisa imbécil y real. Así me despediré de ti. Así me desharé de tu puta malicia. Así terminaremos, como tú siempre quisiste. Muertos y sonrientes. Mi siamés. Mi criatura. Mi yo.

viernes, 20 de febrero de 2015

Tres ranas muertas

      Música en la radio y dolor de cabeza. Migrañas. Musarañas. Migrañas. Necesito que se apaguen. Pido silencio con torpeza y nadie se calla y entonces la veo. Una rana muerta. Lo pido por favor, lo pido por favor. Solo un instante de silencio y solo un instante de ternura. Pero están tan ocupados haciendo ruido, haciendo trueno, haciendo tormenta, que nadie me oye. Me voy y me persiguen, vuelvo y ahí están. Durante unas milésimas de segundo contemplo la opción de gritar yo también. Para qué. Para qué, Dios santo. Dos ranas muertas. Necesito una ducha y descansar. Necesito dormir. Pero no habrá ducha. No habrá sueño. En estos días eternos y vacíos no hay tiempo. No hay tiempo para ser ni para estar, no hay tiempo. En estos días de agujas girando a un ritmo terrible y monótono, de memorias torcidas y pedazos de pasado, no hay tiempo. Ahora está sonando una de Peggy March. Y de pronto, tres ranas muertas.

martes, 17 de febrero de 2015

Estás tan viva para mí

Tú y yo nos encontramos en la puerta del penal
tú y yo nos observamos y no puedo respirar.
Dame un trozo de piel
no paro de rezar,
somos dos masoquistas que lo hicieron todo mal.

Casi nos despedimos pero todo empieza a arder
fuego de cuerpo y sangre que me quema a mí también.
Corres a otro lugar
no te puedo alcanzar,
ya ni inventas excusas y me dejas tan atrás.

Pero tu miel me cala bien y no te dejo de querer
y ya no estás, pero yo sí
es una mierda estar aquí.
Vuelves al bar donde te vi y queda poco ya de ti
te estás fundiendo y aún así
estás tan viva para mí
estás tan viva para mí
estás tan viva para mí.

Ahora nos resignamos y solo queda vivir
en mortajas de tiempo cubiertas de frío y gris
pero te vuelvo a ver
eras más guapa ayer
puede que me recobre si al fin consigo salir

Piedras de desayuno y terrible decisión
huele a cuerpos quemados que son señal del horror
ya no te quiero aquí
se me arruga la piel
dejas un charco oscuro que sabe a silencio y miel.

Pero tu miel me cala bien y no te dejo de querer
y ya no estás, pero yo sí
es una mierda estar aquí.
Vuelves al bar donde te vi y queda poco ya de ti
te estás fundiendo y aún así
estás tan viva para mí
estás tan viva para mí
estás tan viva para mí.

jueves, 22 de enero de 2015

La piel, los huesos y la voz

      El fuego que fue es ahora piedra. Yo me niego y me aferro y no quiero irme. Porque este es mi hogar, y de verdad, no quiero irme. Pero qué voy a hacer si no dejan de arrastrarme, de tirar de mis piernas y de mis brazos, de amenazar con romperme el tiempo y la vida si no me voy con ellos. Yo soy triste y paciente y no tengo valor para enfrentarlos. Vosotros tenéis aún un pequeño resquicio de esperanza. No queda mucho, pero si suficiente. He oído que vais a morir también vosotros. Fingiré que no me da pena. He oído que nada sale según lo planeas. Fingiré que me importa. A estas alturas, no soy más que la piel, los huesos y la voz de mi recuerdo, feo e idiota. A estas alturas, no sé si queda algo. Pero tampoco me interesa.

sábado, 10 de enero de 2015

Roña, ruido y miedo

      Nos abrimos las brechas de la piel y nos sorbemos las entrañas y la sangre. Y lo que debería haber sido un remolino de vida y juego se transforma en una vorágine de roña, ruido y miedo. Ellos nos miran y ven sonrisas y nosotros nos miramos y vemos grietas. Joder, qué sucia está esta página y qué frío tu lado de la cama. Te rozo y te palpo y te abrazo y Dios, qué muerta te siento. Yo estoy vacío porque soy tú y estás vacía, tú estás vacía porque eres yo y estoy vacío. Te grito y te araño y te acuso y me siento más sucio que esta página y más frío que tu lado de la cama y más muerto que tú. Te juré que nunca dejaría de engañarte, pero también te juré que nunca más te volvería a jurar. Mi ruina. Mi ruina. Mi ruina. Mi rutina. Sé que me acabarás matando. Joder, es que sé que me acabarás matando.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Nunca lo olvido

      Hay mil noches y hay cien días. Hay lluvia, y tristeza, y furia y peligro. De todo lo antiguo no queda ya nada bonito. Queda ruina, supongo, y queda sombra, espero. Los cristales de las ventanas estallan a un son indescriptible, y el fuego de las hogueras crepita en un ritmo rabioso y caótico. Apenas somos ya nosotros, pero lo poco que nos queda danza triste y cobarde, jugando con la torpe melodía que dibuja tu media sonrisa. Tú y yo vamos a morirnos algún día. Tú no lo recuerdas nunca, y yo nunca lo olvido. Dejo que disfrutes sin ningún recelo. Al fin y al cabo, seremos compañeros, más tarde o más temprano, y solo nos tendremos el uno al otro. Así que permito que no recuerdes ni un ápice del polvo en el que nos convertiremos, y tú bailas, y saltas, y juegas. Y yo observo, y miro, y lloro y maldigo. Los dos soñamos, aún solo, y únicamente, para despedirnos.